Wirikuta mieme

Wirikuta mieme - Arte Huichol - Marakame
Autoría:

Mtro. Angel Torres de la Cruz - Haiviya
Mtra. Nicolasa Lopez Reza - Yulama

Técnica: Pintado con hilo fino sobre cera sobre madera.

Dimensiones: 120 x 120 cm.
Año de producción: 2020

Interpretación de Johannes Neurath

Este cuadro es de formato redondo lo que podría entenderse como un énfasis en su carácter de nierika, es decir, “instrumento para ver”, “don de ver” o “visión iniciática”. La composición es cercana a nierikate ceremoniales. Aquellas tablitas pequeñas, casi siempre redondas, que se entregan como ofrendas a deidades y lugares sagrados. La paleta de colores que se usa es verde y marón, que no es muy típico para el arte wixárika. Se trata de una representación de un espacio ritual, como el patio de una fiesta.

En el centro vemos un grupo de peyotes o hikuri (Lophophora williamsii) Probablemente es este detalle que nos indica que se trata de una escena que tiene lugar en Wirikuta, el desierto sagrado en el estado de San Luis Potosí donde crece el cactus alucinógeno.

Un mara’akame cantador dirige la ceremonia desde una silla de chamán del tipo equipal. Se ubica en la parte superior de la tabla. Este lugar probablemente corresponde al Poniente, porque el chamán wixárika siempre se sienta al poniente del altar y mirando hacia el Oriente. A ambos lados del cantador vemos nubes de lluvia con cabezas de personas que probablemente son ancestros, además de dos águilas, dos monstruos de Gila, dos serpientes y una serie de objetos rituales, como una vela y una flecha. Dos ojos observan a toda la escena desde arriba.

Desde su silla el mara’akame dialoga con una serie de seres ancestrales. El fuego se ubica en la parte inferior delo cuadro, que probablemente corresponde al oriente. En las llamas se dejan ver algunos seres. Aparentemente, se busca mostrar el efecto del peyote. Al contemplar el fuego emergen figuras. Aquí las llamas se transforman en un venado, una cara o mascara y dos felinos.

A ambos lados del fuego se ubican jícaras rituales que contienen mazorcas, flechas, velas, ojos de dios y otros objetos. Dos serpientes y dos lobos vigilan a las jícaras. Dos venados que cantan emergen y saltan desde las jícaras hacia unas milpas indicadas por plantas de maíz. Podemos suponer que los venados contestan al mara’akame o dialogan con él, como sucede en los cantos rituales wixárika.

Un círculo de peyotes rodea a toda la composición, nuevamente aludiendo al lugar que da nombre al cuadro: Wirikuta.